viernes, 7 de marzo de 2014

La peste



¿Cómo acostumbrarse a vivir en un ciudad sitiada por un enemigo invisible? ¿un bacilo poderoso e indestructible? 
Las únicas armas válidas son el aplomo, la resignación y la esperanza, (con ésta última se puede sobrevivir largo tiempo). Y gracias a ellas, los habitantes de Orán se van abriendo paso, en su ciudad apestada y cerrada al mundo, haciendo frente a una enfermedad incurable e imbatible que somete a todos por igual.

Albert Camus, en esta novela, describe de manera pausada, al principio, y escalofriante, después, la agonía física y psicológica que infringe esta enfermedad. Pero, ¿qué es la peste, sino una metáfora de la vida? ¿Y qué se puede aprender de ella?: pues que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio
No todo es oscuro en esta narración existencialista, en ocasiones, emergen ciertas reflexiones reconfortantes, (siempre que uno se contente con desear lo que esté al alcance su mano, claro está):
Si otros (…) habían obtenido lo que querían es porque habían pedido lo único que dependía de ellos (…) les bastaba el hombre y su pobre y terrible amor.
Sin embargo, alcanzar la felicidad no resulta tan sencillo si se tienen inquietudes o deseos más allá del amor humano, como así le ocurre al protagonista de esta historia, el doctor Rieux, al que la pérdida de su mejor amigo le impedirá disfrutar de la dicha de haber sobrevivido a la plaga: 
(...) para él ya no habría paz posible, como no hay armisticio para la madre amputada de su hijo, ni para el hombre que entierra a su amigo.

En esta novela, destacan las descripciones precisas y, por ende, escalofriantes de la agonía final que produce la peste en el cuerpo humano. El autor ofrece un retrato clínico y a la vez literario de los síntomas de la enfermedad con una lograda dignificación de la muerte.

La peste es una novela que nos pone en la cuerda floja y nos recuerda que la alegría humana está siempre amenazada, pues el bacilo de esta enfermedad no muere ni desaparece jamás: 
(...) puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, en los pañuelos y los papeles, y puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir a una ciudad dichosa.

 Albert Camus, La peste, 1947.